viernes, 31 de diciembre de 2010

Maftasan Cap. 6



Una ves armados con platos, cubiertos, vaso y pan, se sentaron en la mesa mientras Larrea traía una fuente humeante con la carne. Tras servir y brindar con jugo de limón azucarado, empezaron los comensales su almuerzo.
Larrea – Vi que venían discutiendo algo cuando entraban ¿Que se trae entre manos la juventud?
Mario – Veníamos hablando de la utilidad de los modales.
Larrea - ¿Utilidad? Muy estratega lo tuyo pibe.
Mario – No, no digo útiles para mí, digo utilidad para la sociedad.
Larrea - ¿Y en que decís que son útiles para la sociedad?
Mario – Y sirven para que se den fácilmente las relaciones entre la gente, así mejoran las condiciones sociales.
Joel – Baja un cambio, te dije que las condiciones sociales no son eso, que la gente sea educada con los demás.
Larrea – ¿Vos decís que los modales no son útiles a la sociedad?
Joel – No completamente, hay cosas como dejar pasar a una señora o una mina, que esta bien de ultima porque le podes encontrar una razón de ser mas allá de simplemente ser educado. Pero los que son simplemente para parecer educado, como anunciarse cada ves que entras en algún lado, o saludar personalmente a las treinta personas cuando llegas tarde a la cena de navidad, que no son justamente útiles.
Mario – Tampoco te cuesta nada saludar, o avisar que venís.
Joel – Que no te cueste nada no significa que no sea inútil, como vos.
Mario – Calláte vos mensajero. La única utilidad que tenés en la vida.
Joel – Y vos ¿Qué utilidad tenés?
Larrea – Bueno ya, venia bien la cosa, no la caguen. Puede ser que haya modales útiles y modales inútiles, pero para saber si son o no tal cosa tenemos que ver en que le son útiles a la sociedad estas formas de comportarse.
Mario – Y es como decía yo, mejoran las condiciones sociales. Piénselo ¿Qué es la sociedad? Un grupo de gente que se relaciona. Las condiciones sociales son las condiciones en que se relaciona este grupo, si esas relaciones se dan con comportamientos amables y demostrando una educación, se dan mas fácil, mas placenteramente digámosle.
Joel – Esta bien, ahí tenés un punto, pero vos no ves que para que ese grupo de gente se relacione, se tienen que dar otras cosas antes. Primero tenés que ver donde se relaciona ese grupo de gente. Si tenés que estar todo el día cosechando y una vez a la semana te relacionas con gente para venderle lo que cosechaste y comprar lo que necesites, no te van a importar mucho los modales del que te compra. Vos querés que la relación social te de lo que necesitas para sobrevivir. Después te queda la otra mitad de las relaciones, con amigos, familia y de pareja. Cuando estas con amigos no necesitas modales, por lo menos nosotros no. Con familia, alguna que otra salvedad podes hacer, pero son modales que salen de una estructura familiar justamente, de un orden de importancia, casi que de llegada. También esta la relación de pareja que tiene sus modales, pero es algo bastante personal entre la pareja, si bien los dos vienen de un ámbito social con sus educaciones, pueden o no respetar los modales sociales esos que te gustan tanto. Lo único que te queda, son las relaciones aleatorias, te chocaste una vieja que venia de hacer las compras y le levantas las compras, eeeeh, no sé, te pedís un auto para ir a algún lado, esas conversaciones con gente desconocida que sabes va a seguir siendo desconocida. En esas que te muevas con modales o no, cambia poco a la sociedad, nadie va a cambiar su voto porque vos no le levantas el changito a la vieja.
Mario – Bueno, pero si vos le levantas el changito, la vieja se va contenta. Sino se va recaliente y eso puede afectar la siguiente relación que tenga la señora, y esa otra entre otras dos personas y le metiste mala onda al día de tres personas mínimo, por un changuito.
Ahí los modales te afectan a la sociedad.
Joel – Esta bien, afectan, pero no veo utilidad.
Mario – La utilidad esta en que si esa señora va a comprar media docena de huevos a la verdulería y es copada, tal vez le tiran un par más de onda. Si es mala onda seguro que no.
Joel – Osea que si yo soy educado con las personas, ellos tienen mas probabilidades de éxito en sus tareas de supervivencia.
Mario – Jajaja ponéle
Joel – En ese caso yo debería ser educado con la gente que me interesa que le vaya bien solamente.
Mario – Y si, podes ser un ortiva con todo el mundo que no te cae bien.
Joel – No va por ahí, no te olvides que más allá de la sociedad esta la supervivencia, y si yo quiero que sobreviva la gente que me interesa me conviene reducir las chances de los que no.
Mario – Hmm, mmsemm... perom
Joel – Traga primero, maleducado.
Mario – Si. Muy buena la carne don.
Larrea – Gracias pibe, pero volviendo al tema, ahí ya le encontraste una utilidad a los modales.
Joel – Puede ser, modales de supervivencia.
Mario – Es muy cínico eso, todo para tu supervivencia, a veces podes hacer algo bueno por alguien que no conoces sin pensar en que ganas con eso.
Larrea – Sos un alma caritativa veo.
Mario – Je un poco puede ser.
Joel – Mientras tengas la panza llena sos caritativo, gordo.
Mario – Na, siempre soy caritativo, no con vos porque sos un ingrato.
Joel – Yo pago todas mis deudas.
Mario – Si pero podes decir gracias además de devolver lo que debes, maleducado.
Joel – Bueno, ahí tenés los modales que no me interesan ves. Yo prefiero que la gente sepa que si me presta algo se lo voy a devolver a que sepan que les voy a dar las gracias.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Maftasan Cap. 5



Una vez pasado el campo de maíz ya se vislumbraba la residencia Larrea, también se veía un cumulo de nubes que había avanzado bastante y amenazaba con diluviar en cualquier segundo. Una residencia modesta en la zona de cultivos, rodeada por algunas granjas algo separadas entre si. Una modesta casa de un color amarillo pálido y descascarado, despedía un aire de nostalgia, 25 pasos a la izquierda yacía un galpón de unos diez metros de largo y entre seis y siete de ancho, oxidado por años de clima húmedo.
Al llegar al portón, casi como un reflejo, Mario aplaudió dos veces, al tiempo que Joel desenroscaba una soga que lo mantenía cerrado.
Joel - ¿Qué haces?
Mario – Llamo a ver si hay alguien, vos que haces abriendo de una.
Joel – Te dije que ya me conoce, además tampoco venimos a robar nada, tenemos que dejar esto y nos vamos, no hace falta hablar con nadie. Dale entrá que cierro.
Mario – No seas bestia, es de buena educación saludar al dueño de casa cuando se visita la casa.
Joel – Muy elocuente lo tuyo.
Mario – Me educaron para ser un caballero, las reglas de cortesía son la base de la sociedad. No como vos que no pedís permiso para nada.
Joel – Tampoco para nada, pero no pierdo el tiempo con modales que no sirven para nada más que para tener modales.
Mario – No es solo para tener modales, es lo que se llama cortesía social. Hace que sea más placentero ser de esa sociedad.
Joel – Eso no es lo que hace que sea más placentero ser de una sociedad o de otra, las condiciones sociales en las que vivís son las que hacen eso. La facilidad para trabajar, estudiar, usar espacios públicos, cosas así, no tener modales.
Mario – También eso, pero todo eso se da o no depende de cómo se relaciona la gente de esa sociedad. Y para eso son los modales, para que las relaciones se den correctamente.
Joel – ¿Correctamente? Bancáme que dejo esto.
Una vez re-enroscada la soga y recorrido el camino del portón a la casa, Joel se adelanta en dirección al buzón a la derecha de la puerta. Pero se detiene al pisar el segundo de los cuatro escalones hacia la entrada, viendo que la puerta de la casa se abre y un hombre mayor, Don Larrea, sale a su encuentro.
Larrea – Pero mira quien vino a visitarme, el cadete oficial de los vagos y trajiste un compañero hoy.
Joel – Buen día don Larrea, le traigo un paquete de parte de Rubén.
Mario – Buen día.
Larrea – A ver que me traés.
Ya estando los tres en la puerta de la casa, Joel extiende la mano con el libro. Larrea toma el paquete e inmediatamente rompe sin mucho cuidado el papel madera, descubriendo la primer página de un libro que perdió su portada hace mucho.
Larrea – Ah, mira vos. Este libro yo se lo había prestado a Fernando ¿Me decís que te lo dio Rubén? Se ve que estuvieron teniendo sus propios intercambios esos dos. Que peligro la juventud de estos días.
Mario – Disculpe don Larrea ¿Le puedo hacer una pregunta?
Larrea – Dos.
Mario - ¿Por qué tanto misterio con estos libros? Con eso de mandarlos empaquetados y todo.
Larrea – ¡JA! ¿Te pico el bichito de la curiosidad?
Mario – Un poco, si.
Larrea – Justamente esa es la razón.
Mario – ¿Darme curiosidad es la razón?
Larrea – Exactamente.
Mario – ¿Tan importante es mi curiosidad?
Larrea – No es tu curiosidad en particular la que me interesa. Es la curiosidad social, es plantar una duda, crear un objetivo, desviar las miradas por unos segundos hacia lo desconocido. Pero mejor sigamos adentro que nos vamos a mojar acá afuera. ¿Ya comieron? Estoy preparando un cacho de carne, hay suficiente para tres si no les importa comerla sin papas.
Decía entrando nuevamente en la casa.
Mario – Mira que suerte la nuestra, yo pensando que hoy iba a pasar hambre.
Joel – Dale gordo entra, no sea que hagas dieta un día.
Así también ellos se adentran en la casa
Mario – Permiso.
Contrastando con la imagen deteriorada que despedía la fachada, el interior estaba increíblemente limpio y ordenado. Se encontraban en una sala de estar espaciosa, con una larga mesa en la pared opuesta a la puerta de entrada, una biblioteca ocupaba más de la mitad de la pared izquierda. A la derecha había dos puertas, una pegada a la pared de la puerta de entrada, que entreabierta dejaba ver la cocina, y otra casi en el medio, cerrada. Entre ambas cinco estantes atiborrados de libros y una estatuilla de la Venus de milo convertida en lámpara con cinta de aislar como principal herramienta. La única ventana de la habitación estaba casi pegada a la puerta de entrada.
Desde la cocina se escucha a Don Larrea.
Larrea – Vengan, agárrense un par de platos y lo que necesiten para la mesa.