viernes, 31 de diciembre de 2010

Maftasan Cap. 6



Una ves armados con platos, cubiertos, vaso y pan, se sentaron en la mesa mientras Larrea traía una fuente humeante con la carne. Tras servir y brindar con jugo de limón azucarado, empezaron los comensales su almuerzo.
Larrea – Vi que venían discutiendo algo cuando entraban ¿Que se trae entre manos la juventud?
Mario – Veníamos hablando de la utilidad de los modales.
Larrea - ¿Utilidad? Muy estratega lo tuyo pibe.
Mario – No, no digo útiles para mí, digo utilidad para la sociedad.
Larrea - ¿Y en que decís que son útiles para la sociedad?
Mario – Y sirven para que se den fácilmente las relaciones entre la gente, así mejoran las condiciones sociales.
Joel – Baja un cambio, te dije que las condiciones sociales no son eso, que la gente sea educada con los demás.
Larrea – ¿Vos decís que los modales no son útiles a la sociedad?
Joel – No completamente, hay cosas como dejar pasar a una señora o una mina, que esta bien de ultima porque le podes encontrar una razón de ser mas allá de simplemente ser educado. Pero los que son simplemente para parecer educado, como anunciarse cada ves que entras en algún lado, o saludar personalmente a las treinta personas cuando llegas tarde a la cena de navidad, que no son justamente útiles.
Mario – Tampoco te cuesta nada saludar, o avisar que venís.
Joel – Que no te cueste nada no significa que no sea inútil, como vos.
Mario – Calláte vos mensajero. La única utilidad que tenés en la vida.
Joel – Y vos ¿Qué utilidad tenés?
Larrea – Bueno ya, venia bien la cosa, no la caguen. Puede ser que haya modales útiles y modales inútiles, pero para saber si son o no tal cosa tenemos que ver en que le son útiles a la sociedad estas formas de comportarse.
Mario – Y es como decía yo, mejoran las condiciones sociales. Piénselo ¿Qué es la sociedad? Un grupo de gente que se relaciona. Las condiciones sociales son las condiciones en que se relaciona este grupo, si esas relaciones se dan con comportamientos amables y demostrando una educación, se dan mas fácil, mas placenteramente digámosle.
Joel – Esta bien, ahí tenés un punto, pero vos no ves que para que ese grupo de gente se relacione, se tienen que dar otras cosas antes. Primero tenés que ver donde se relaciona ese grupo de gente. Si tenés que estar todo el día cosechando y una vez a la semana te relacionas con gente para venderle lo que cosechaste y comprar lo que necesites, no te van a importar mucho los modales del que te compra. Vos querés que la relación social te de lo que necesitas para sobrevivir. Después te queda la otra mitad de las relaciones, con amigos, familia y de pareja. Cuando estas con amigos no necesitas modales, por lo menos nosotros no. Con familia, alguna que otra salvedad podes hacer, pero son modales que salen de una estructura familiar justamente, de un orden de importancia, casi que de llegada. También esta la relación de pareja que tiene sus modales, pero es algo bastante personal entre la pareja, si bien los dos vienen de un ámbito social con sus educaciones, pueden o no respetar los modales sociales esos que te gustan tanto. Lo único que te queda, son las relaciones aleatorias, te chocaste una vieja que venia de hacer las compras y le levantas las compras, eeeeh, no sé, te pedís un auto para ir a algún lado, esas conversaciones con gente desconocida que sabes va a seguir siendo desconocida. En esas que te muevas con modales o no, cambia poco a la sociedad, nadie va a cambiar su voto porque vos no le levantas el changito a la vieja.
Mario – Bueno, pero si vos le levantas el changito, la vieja se va contenta. Sino se va recaliente y eso puede afectar la siguiente relación que tenga la señora, y esa otra entre otras dos personas y le metiste mala onda al día de tres personas mínimo, por un changuito.
Ahí los modales te afectan a la sociedad.
Joel – Esta bien, afectan, pero no veo utilidad.
Mario – La utilidad esta en que si esa señora va a comprar media docena de huevos a la verdulería y es copada, tal vez le tiran un par más de onda. Si es mala onda seguro que no.
Joel – Osea que si yo soy educado con las personas, ellos tienen mas probabilidades de éxito en sus tareas de supervivencia.
Mario – Jajaja ponéle
Joel – En ese caso yo debería ser educado con la gente que me interesa que le vaya bien solamente.
Mario – Y si, podes ser un ortiva con todo el mundo que no te cae bien.
Joel – No va por ahí, no te olvides que más allá de la sociedad esta la supervivencia, y si yo quiero que sobreviva la gente que me interesa me conviene reducir las chances de los que no.
Mario – Hmm, mmsemm... perom
Joel – Traga primero, maleducado.
Mario – Si. Muy buena la carne don.
Larrea – Gracias pibe, pero volviendo al tema, ahí ya le encontraste una utilidad a los modales.
Joel – Puede ser, modales de supervivencia.
Mario – Es muy cínico eso, todo para tu supervivencia, a veces podes hacer algo bueno por alguien que no conoces sin pensar en que ganas con eso.
Larrea – Sos un alma caritativa veo.
Mario – Je un poco puede ser.
Joel – Mientras tengas la panza llena sos caritativo, gordo.
Mario – Na, siempre soy caritativo, no con vos porque sos un ingrato.
Joel – Yo pago todas mis deudas.
Mario – Si pero podes decir gracias además de devolver lo que debes, maleducado.
Joel – Bueno, ahí tenés los modales que no me interesan ves. Yo prefiero que la gente sepa que si me presta algo se lo voy a devolver a que sepan que les voy a dar las gracias.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Maftasan Cap. 5



Una vez pasado el campo de maíz ya se vislumbraba la residencia Larrea, también se veía un cumulo de nubes que había avanzado bastante y amenazaba con diluviar en cualquier segundo. Una residencia modesta en la zona de cultivos, rodeada por algunas granjas algo separadas entre si. Una modesta casa de un color amarillo pálido y descascarado, despedía un aire de nostalgia, 25 pasos a la izquierda yacía un galpón de unos diez metros de largo y entre seis y siete de ancho, oxidado por años de clima húmedo.
Al llegar al portón, casi como un reflejo, Mario aplaudió dos veces, al tiempo que Joel desenroscaba una soga que lo mantenía cerrado.
Joel - ¿Qué haces?
Mario – Llamo a ver si hay alguien, vos que haces abriendo de una.
Joel – Te dije que ya me conoce, además tampoco venimos a robar nada, tenemos que dejar esto y nos vamos, no hace falta hablar con nadie. Dale entrá que cierro.
Mario – No seas bestia, es de buena educación saludar al dueño de casa cuando se visita la casa.
Joel – Muy elocuente lo tuyo.
Mario – Me educaron para ser un caballero, las reglas de cortesía son la base de la sociedad. No como vos que no pedís permiso para nada.
Joel – Tampoco para nada, pero no pierdo el tiempo con modales que no sirven para nada más que para tener modales.
Mario – No es solo para tener modales, es lo que se llama cortesía social. Hace que sea más placentero ser de esa sociedad.
Joel – Eso no es lo que hace que sea más placentero ser de una sociedad o de otra, las condiciones sociales en las que vivís son las que hacen eso. La facilidad para trabajar, estudiar, usar espacios públicos, cosas así, no tener modales.
Mario – También eso, pero todo eso se da o no depende de cómo se relaciona la gente de esa sociedad. Y para eso son los modales, para que las relaciones se den correctamente.
Joel – ¿Correctamente? Bancáme que dejo esto.
Una vez re-enroscada la soga y recorrido el camino del portón a la casa, Joel se adelanta en dirección al buzón a la derecha de la puerta. Pero se detiene al pisar el segundo de los cuatro escalones hacia la entrada, viendo que la puerta de la casa se abre y un hombre mayor, Don Larrea, sale a su encuentro.
Larrea – Pero mira quien vino a visitarme, el cadete oficial de los vagos y trajiste un compañero hoy.
Joel – Buen día don Larrea, le traigo un paquete de parte de Rubén.
Mario – Buen día.
Larrea – A ver que me traés.
Ya estando los tres en la puerta de la casa, Joel extiende la mano con el libro. Larrea toma el paquete e inmediatamente rompe sin mucho cuidado el papel madera, descubriendo la primer página de un libro que perdió su portada hace mucho.
Larrea – Ah, mira vos. Este libro yo se lo había prestado a Fernando ¿Me decís que te lo dio Rubén? Se ve que estuvieron teniendo sus propios intercambios esos dos. Que peligro la juventud de estos días.
Mario – Disculpe don Larrea ¿Le puedo hacer una pregunta?
Larrea – Dos.
Mario - ¿Por qué tanto misterio con estos libros? Con eso de mandarlos empaquetados y todo.
Larrea – ¡JA! ¿Te pico el bichito de la curiosidad?
Mario – Un poco, si.
Larrea – Justamente esa es la razón.
Mario – ¿Darme curiosidad es la razón?
Larrea – Exactamente.
Mario – ¿Tan importante es mi curiosidad?
Larrea – No es tu curiosidad en particular la que me interesa. Es la curiosidad social, es plantar una duda, crear un objetivo, desviar las miradas por unos segundos hacia lo desconocido. Pero mejor sigamos adentro que nos vamos a mojar acá afuera. ¿Ya comieron? Estoy preparando un cacho de carne, hay suficiente para tres si no les importa comerla sin papas.
Decía entrando nuevamente en la casa.
Mario – Mira que suerte la nuestra, yo pensando que hoy iba a pasar hambre.
Joel – Dale gordo entra, no sea que hagas dieta un día.
Así también ellos se adentran en la casa
Mario – Permiso.
Contrastando con la imagen deteriorada que despedía la fachada, el interior estaba increíblemente limpio y ordenado. Se encontraban en una sala de estar espaciosa, con una larga mesa en la pared opuesta a la puerta de entrada, una biblioteca ocupaba más de la mitad de la pared izquierda. A la derecha había dos puertas, una pegada a la pared de la puerta de entrada, que entreabierta dejaba ver la cocina, y otra casi en el medio, cerrada. Entre ambas cinco estantes atiborrados de libros y una estatuilla de la Venus de milo convertida en lámpara con cinta de aislar como principal herramienta. La única ventana de la habitación estaba casi pegada a la puerta de entrada.
Desde la cocina se escucha a Don Larrea.
Larrea – Vengan, agárrense un par de platos y lo que necesiten para la mesa.

viernes, 23 de julio de 2010

Maftasan, cap 4



Tras bajar las escaleras y atravesar la puerta de salida, comienzan su trayecto hacia la residencia Larrea. Hay unas nueve cuadras hasta la puerta del norte, era prácticamente la otra punta del pueblo.
Mario – ¿Donde queda lo del Larrea este?
Joel – Es al norte, después de que termina el maíz ponéle medio kilómetro mas.
Mario – ¿Que? Es un buen rato caminando. Es terrible este pibe le das la mano y te agarra hasta el cuello.
Joel – Nadie dijo nunca que fuera cerca, que vos no sepas donde vive la gente es tu problema.
Mario – No puedo ocupar mi mente con las direcciones de todo el pueblo, tengo cosas mas importantes en que pensar.
Joel – Si, seguro…. Seguro se están gestando las respuestas a todos los problemas de la sociedad en esa cabeza.
Mario – Calláte gil.
Tras caminar una cuadra y media, doblan a la derecha, avanzando las nueve cuadras que los separan de la puerta de salida a la zona de cultivos.
Mario – ¿Nos dará de comer este Larrea? Sino entre que vamos y volvemos no comemos más. Ya pescar no es una opción, si llegas después de la una podes terminar comiendo a las cuatro de la tarde.
Joel – Acabas de comer el desayuno, no paso ni media hora y ya estas pensando en almorzar gordita, no te va a entrar el bikini en el verano.
Mario – Cerrá el orto, yo como por horario no según hace cuanto comí. A las doce y media mi panza sabe que es la hora de almorzar y a mi me da hambre, y punto.
Joel – Eso es ahora porque en el colegio comes a esta hora.
Mario – Exacto, tengo la panza disciplinada.
Joel – Entonces no importa a que hora comas, podes disciplinarla como quieras.
Mario – No fui yo el que la disciplino fue el colegio, ahora es tarde para cambiarla, quiero comer. Podría comprar un sándwich por acá.
Joel – Entonces la panza que te disciplinaron te domina a vos, te disciplinaron a vos gil no a la panza.
Mario – Cerrá el orto.
Joel – Además no tiene sentido ese horario nadie mas come a esa hora.
Mario – El resto del mundo puede comer cuando quiera, yo tengo hambre ahora.
Joel – ¿Conoces a alguien que haya terminado el colegio y coma a las doce y media?
Mario – No, ¿Y?
Joel – Y que entonces no tiene sentido que te acostumbres a comer tan temprano, si el resto de tu vida vas a comer mas tarde.
Mario – Puedo volver a disciplinar la panza.
Joel – Vos no creo, en todo caso alguna oficina, que ejerza su disciplina en vos.
Mario – Cerrá el orto, yo puedo disciplinar mi panza como quiera, ahora elegí este horario porque me cierra con lo que hago todos los días.
Joel – Seguro, si mañana nos corren el horario del almuerzo a la una te van a acostumbrar a la una, y ya.
Mario – En todo caso yo me voy a acostumbrar.
Joel – Pero no sos vos el que controla el horario gil, te están disciplinando a vos, si querés creéte que sos vos pero vos no controlas nada.
Mario – Vos no entendés nada, yo me adapto a lo que me presentan
Joel – Masomenos, si es así ¿Porque tenés hambre ahora?
Mario – Y, porque me adapte a este horario, no es instantánea la adaptación ¿No leíste nada de Darwin vos pibe? Las especies tardan milloooones de años en...
Joel – (interrumpiendo) Callaaaate gil, dale anda a comprarte algo al almacén ese, que una ves que pasemos la puerta no hay nada más. Compráme uno ya que vas.
Mario – Viste que hay hambre, te la das de groso pero sos el mas educadito, gil.
Joel – Me diste hambre vos de tanto hablar de comer.
Así Mario entro en el último local de la cuadra anterior a la puerta de salida del pueblo, después quedaba media cuadra de depósitos y casas abandonadas hace mucho tiempo, ahora tapiadas en puertas y ventanas. Esta salida era bastante más grande que la del oeste por la que se había ido Fernando. Una calle de asfalto de dos manos la atravesaba, por la que grandes cargamentos de alimento eran traídos desde las nueve de la mañana. A esta hora ya no circulaban alimentos sino camiones con obreros, maquinaria o vendedores de palas y demás artículos de cultivo que salían rumbo a las zonas de cultivo.
Tras cruzar una última calle estarían cruzando el gran portón que casi nunca se cerraba, la única con esta cualidad. Y así avanzaron comiendo su almuerzo al paso, tras pasar la puerta doblaron a la izquierda avanzando unos cuatrocientos metros hasta el camino que bordea la plantación de maíz. Por dicho camino tenían 2 kilómetros todavía, por suerte el clima los acompañaba, aunque unas nubes se veían asomando por el oeste.
Mario - Panza llena corazón contento
Joel – Panza obediente tenés que decir vos.
Mario – Panza adaptable.
Joel – Panza educada.
Mario – Ya fue.
Joel – Se.
Mario – Que raro que haya mandado el libro envuelto en papel. Es un libro nada más
Joel – Eso lo saco de Fernando, decía que no era buena idea que se vea todo lo que circula por el pueblo, pero que hay que mostrar que circula algo que no se ve. Decía que para darle de que hablar a las viejas.
Mario – Si, justo lo que más le importaba a Fér eran las viejas, justo. Te estaba delirando.
Joel – No se, siempre que mandaba o llevaba algo escrito lo envolvía o metía en un sobre así de papel madera.
Mario – Nunca vi que le mande nada a nadie.
Joel – A mi me hizo llevarle cosas varias veces. Mas que nada libros, y varios a este Larrea.
Mario – ¿Que sos el pibe de los mandados de medio pueblo vos?
Joel – Sera que la gente sabe que cumplo con las entregas, lo bueno es que varias personas me deben favores, contándote a vos.
Mario – ¿Qué te debo yo? ¡Ladrón!
Joel – María Fernanda Algodabar
Mario – Aaaahhh, eso no es nada, ni siquiera le saque un beso, eso no es un favor.
Joel – No es mi culpa que no sepas hablar con una mujer, vos quisiste el encuentro y yo lo arregle, me debes un favor, punto.
Mario – Ta bien, ta bien. Che ¿Y este Larrea que onda? Vos lo conoces ¿no?
Joel – Apenas, casi nunca está, tiene un cajón al lado de la puerta para que le dejen cosas cuando le llevan algo. Una sola ves lo vi, y apenas hable.
Mario - ¿Osea que no sabemos nada del señor este?
Joel – Nop. Yo le pregunte a alguno que otro del pueblo y todos te dicen, aaaahhh si, el que vive allá pasando el maíz. Pero dudo que alguien sepa algo más que eso.
Mario – A Rubén hay que preguntarle.
Joel – Le pregunte, pero hace bastante ya, cuando Fér le mandaba libros.
Mario – ¿Y Fér de donde lo sacó?
Joel – Creo que el viejo de Fér lo conocía a Larrea. Y cada tanto iba a la casa a cenar.
Mario – ¿Este viejo no será el que los convence de irse no?
Joel - No creo, pero si Rubén se pega el palo puede que tengas razón.
Mario – Me parece que no le voy a dar mucha bola, me suena a viejo loco de entrada.
Joel – Vos porque sos medio gil y cualquiera te convence de cualquier cosa. Si ni siquiera elegís a que hora comes.
Mario – Ah claro, porque vos si elegís a que hora comes todos los días.
Joel – Touché.

martes, 11 de mayo de 2010

Maftasan, cap 3





En ese momento se escuchan tres golpes desde la puerta de la habitación
Rubén – Adelante.
La puerta se abre y entra Marce cargando con ambas manos una bandeja en la que lleva una pava de la que se ve salir un leve vapor, tres tazas con sus respectivos platitos, cucharas y bolsitas de te, una cesta con panes tostados, un pequeño plato con manteca, mermelada de frutilla y tres untadores.
Rubén – Ustedes saben llegar para la hora del desayuno ¿Que paso con el colegio?
Mario – No es culpa nuestra que vos desayunes tarde.
Joel – Mandamos a la nena, suficiente para enterarse si pasa algo.
Rubén – Esta perdida la juventud ¿Vos que decís Marce?
Tras haber apoyado la bandeja en el escritorio, habiendo tenido que hacer lugar a la fuerza entre pilas de papeles y libros, Marce servía agua caliente en las tazas. Entregando la primera a Joel contesta.
Marce – Seguramente los niños habrán tenido una razón más que importante para dejar de lado sus obligaciones. Ellos saben lo importante que es cumplir con el deber. ¿O me equivoco? – Enuncia mirando a los ojos a Mario al entregarle su taza recién servida.
Mario – Claro, claro. Razones muy importantes tenemos.
Rubén – ¿Y a donde los van a llevar sus importantes razones cuando terminen de comerme el desayuno? Gracias Marce
Marce – Un placer.
Acto seguido Marce dio media vuelta y salió de la habitación.
Joel – Y probablemente a ver si pescamos algo ¿Vos tenés algo que hacer?
Rubén – A la una tengo un almuerzo con una señorita estudiante, al cual no están invitados ustedes.
Mario – ¿Tenés miedo de que veamos los pescados que te andas comiendo?
Rubén – Tengo miedo de que te vea y salga corriendo, petiso horrible.
Mario – Cerrá el orto
Joel – ¿Es otra de tus activistas por un buen sueldo?
Rubén – Tal ves ¿Te molesta esa causa?
Joel – No es que me moleste la causa, pero la mayoría de los que están en esas movidas son los que no están trabajando. Son los únicos que tienen suficiente tiempo libre.
Rubén – Alguien tiene que salir a pelearla, sino la situación no va a mejorar nunca para los que trabajan.
Mario – “Partido Vagos por el Trabajador” deberían llamarse.
Joel – Juntarían un par de votos mas con ese nombre, la juegan de honestos.
Rubén – Se lo voy a sugerir a ver si le interesa.
Mario – Jajajaja, decíle que tienen mi voto si se cambian el nombre
Rubén – Para que tu voto valga algo primero tenés que poder votar.
Joel – Es un voto a futuro, tenés que trabajar a la juventud si querés ganar en las próximas.
Rubén – Eso ya es una idea más considerable.
Mario – Que buen pan compran en tu casa, así me vas a tener siempre desayunando o merendando acá.
Joel – O ambas.
Rubén – Le voy a decir a Marce que cambie de panadería.
Joel – Si le decís eso seguro va a comprar un kilo en cada panadería en ves de dos en la misma.
Rubén – Probablemente, debe pensar en la mitad de los habitantes del pueblo a lo largo de cada día ese hombre.
Joel – O mas, Marce debería postularse para gobernador, creo que tendría bastante mas éxito que los tres chantas de siempre.
Mario – Fuera de joda, lo conoce una importante parte del pueblo te digo.
Rubén – Probablemente tenga unas buenas chances de ganar si se postula. Pero es demasiado considerado para ser gobernador, no podes preocuparte porque todo el mundo este cómodo si sos gobernador.
Mario – ¿Porque no? Seria una buena promesa de campaña. “Comodidad para todos, de la mano de Marce” – Enunció formando un rectángulo con los dedos índice y pulgar.
Joel – “Para que no te incomode que te sigamos explotando”.
Mario – No es un gran avance pero es algo. Es honesto por lo menos.
Rubén – Ustedes dos tiene que formarse un partido, delirantes de hoy votantes de mañana.
Joel – ¡JA!, juntamos medio colegio.
Rubén – El único problema es que cuando pasan a ser votantes dejan el partido.
Mario – Es un pre-partido. El calentamiento antes de entrar a la cancha.
Joel – Les damos clases de estiramiento.
Mario – Jajajaja, empezamos cada reunión corriendo 5 minutos.
Rubén – Ya que van a estar tan libres a la tarde me pueden hacer un mandado.
Mario – Que raro vos pidiendo que hagamos cosas.
Rubén – Si no querés hacerme un favor no vengas a comer ratón.
Joel – Ya, ya chicas, no se peleen. ¿Que necesitas?
Rubén – Toma, llevále esto al viejo Larrea. Decile que me disculpe por mandárselo tarde.
Rubén dice al abrir el segundo cajón de su escritorio, sacar un paquete de tamaño algo menor al de la guía telefónica del pueblo envuelto en papel madera y dárselo a Joel.
Joel – ¿Que es?
Rubén – Un libro, me presta uno por mes, este tarde un poco más en leerlo.
Mario- Como le entras a los libros, vivís en un cuento vos.
Rubén – No todo lo que se escribe son cuentos, aunque para saber eso tendrías que abrir más de dos libros por lo menos.
Mario – Cerrá el orto, yo leí bastante mas de dos libros.
Rubén – Si los que te dieron en el colegio, cuentitos para entretener a los nenes y no tener que darles clase.
Joel – No es acá nomas lo de Larrea, va a tener su precio este favor que pedís.
Rubén – Si lo haces no me debes el desayuno de hoy.
Joel – No, no, anótemelo en la cuenta este, ya me va a venir bien que me debas un favor.
Mario – Que ¡NOS! Deba un favor.
Rubén – A vos no te debo nada petiso feo, agradece que no te cobre lo que comes acá.
Mario – Ni que te comiera toda la heladera maricón.
Rubén – Acá comes dos veces al día mínimo.
Mario – Yo vengo a visitar, no es mi culpa que cada ves que vengo Marce me ofrece algo pa´ picar.
Rubén – Si, seguro, muerto de hambre, vayan dale que me voy a higienizar un poco.
Mario – Decile a Marce que no te ponga mucho talco en la cola.
Rubén – Decile a tu vieja que hoy llego tarde.
Joel – Ya, ya chicas, vamos dale, chau cuidate.
Rubén – Chau, no se pierdan en el campo.
Mario – Mandale saludos a tu nena.

miércoles, 7 de abril de 2010

Maftasan, cap 2


Tras caminar un rato arriva el trió en la plaza principal, quedaban en ella los vestigios del festival anual de la roca.
Mario – Este se fue pero la fiesta no se la perdió.
Joel – Tampoco se perdió a tu hermana.
Mario – Calláte gil te voy a matar.
Acto seguido golpea con algo de fuerza a Joel en el hombro, a lo que Joel responde con otro puñetazo. Así se entrelazan en un enfrentamiento sin otro objeto que la pelea misma.
Anabel – Chicooooos, parecen nenes, cálmense. No crecen más ustedes.
Las palabras de Anabel, para su sorpresa, detienen el combate.
Anabel – ¿Que paso? ¿Crecieron de repente? ¿Tanto los cambio esto?
Joel – No, seguimos siendo los mismos, pero hoy no hay demasiado humor combativo.
Mario – Si, es un día de “capacáida”, como diría mi abuelo.
Anabel – ¿De que?
Mario – Nada nena deja, vamos yendo que no vamos a llegar ni a la segunda a este paso.
Anabel – No te hagas el superadito conmigo eeehh!!! Nena nada.
Mario – Shhhh, camina nena dale, que se te va a enojar la profe y no se va a comer la manzana que le llevaste.
Anabel – SOS UN ESTUPIDO!!!
Inmediatamente, Anabel salió corriendo hacia el sur, por la calle 2, sabia que le quedaban 15 minutos y 5 cuadras para la próxima clase. Tenía tiempo de sobra, pero si se hubiera quedado con los vagos quien sabe si llegaría a tiempo, ella no podía perder así su tiempo. El tiempo en la familia Perales era oro de 14 quilates, eso había aprendido desde pequeña de su padre, Raúl Perales, el autonombrado joyero más importante de Maftasan.
Mario – ¿Y que hacemos? ¿Vamos?
Joel – Hace tiempo que venimos yendo. Hoy amerita
Mario – ¡Perfecto! Vamos a la principal un rato.
Joel – Podríamos pasar por lo de Rubén, a contarle.
Mario – Si, no es mala idea, y esta acá nomas.
Caminando hacia el sur pasaron unas 3 cuadras y doblaron a la izquierda, en plena calle comercial.
Joel – No hay muchos puestos ya, se ve que algunos se tomaron unas vacaciones después del festival.
Mario – Y… les debe haber dejado una buena diferencia. Este año se llenó.
Joel – Cada año se extiende mas, si sigue así va a terminar ocupando toda la 2.
Mario – Hay que ver como la arman en el barrio norte.
Joel – Una feria distinta se va a hacer ahí jejeje.
Mario – Jajajaja, seee. Me imagino los tours.
Joel – A su izquierda un adorable puesto de robo de billeteras, siguiendo en este otro puesto una espectacular variedad de estupefacientes desde drogas duras a blandas para su elección.
Mario – Jajajaja, convenientemente empacadas en bolsitas por gramo.
Joel – Jajajaja.
Tras caminar una cuadra y media se detuvieron frente a una casona estilo colonial color crema con tejados adornados con ornamentas verde ingles. Tras tocar el timbre y esperar unos segundos se escucha una vos salir del portero eléctrico.
Voz – Buen día ¿En que lo puedo ayudar?
Joel – Buen día ¿Se encuentra Rubén?
Voz – ¿Quien lo busca?
Joel – Joel y Mario.
Voz – Un minuto por favor.
Tras poco más de medio minuto la puerta se abre
Voz – Adelante por favor.
Joel – Buen día, Marce.
Mario – Buenas.
Pronunciaban al adentrarse en la vivienda. Al pasar la puerta, se detienen unos minutos a saludar al que les gustaba llamar “mayordomo” de la familia Juárez. Un esbelto hombre ya entrado en años, de tez morena nacido bien al norte del pueblo. Hoy en día vivía en la residencia Juárez. Atravesando el hall principal y subiendo unas escaleras que ocupaban una buena parte de la pared contraria a la entrada, llegaron al pasillo de los cuartos. Tres puertas a cada lado, la última de la izquierda era su destino. Tras golpear dos veces entran en la habitación.
El cuarto de Rubén tenía unos 12 metros cuadrados, estaba junto al despacho de su padre y frente al baño, por lo que no solía despertar a su familia con sus actividades nocturnas. Al otro lado del despacho se encontraba el dormitorio principal, y junto al baño el cuarto de invitados. Luego quedaba el cuarto de servicio, básicamente el cuarto de marce, el cual tenia 2 paredes completamente ocupadas con productos de limpieza, jardinería, mecánica y demás, en otra una cama con su una mesa de noche y en la ultima otra con 2 placares con cerrojo que permanecían cerrados durante la jornada laboral. Entre estos una ventana orientada al norte.
Joel – Buen día rubia
Rubén – Hola pareja de homosexuales.
Mario – Deja de mirarte al espejo para decir eso.
Rubén – Cerrá la boca, te morís de ganas de tener esta facha, petiso horrible
Mario – Seré petiso pero te deformo la jeta a piñas y después vemos quien es el horrible.
Joel – Ya, ya, no sean histéricas.
Rubén – ¿Y que pasó? ¿Qué vinieron a buscar tan temprano?
Joel – Se fue Fernando hace un rato.
Rubén – ¿Ya se fue? Pensé que se iba a quedar unas semanas mas, se ve que no aguantó más.
Mario – Le toco una bastante jodida, no cualquiera se la banca.
Joel – Si pero no se si eso fue lo que lo hizo irse.
Mario – ¿Por?
Joel – Es cierto que no es fácil vivir sin padres pero es un tema que el ya tenia, podríamos decir, superado dentro de todo. De hecho es bastante raro que hable de su familia…. Pero fue casi de lo que mas nos hablo cuando se fue.
Mario – ¿Vos decís? Para mí que simplemente le preocupaba su vieja y estaba triste porque dejaba todo atrás, te guste o no sus raíces son de acá, mas allá de sus padres.
Joel – No se, nunca escuche a Fernando hablar de lo que le preocupa sin que le tengas que preguntar quince veces. Y aun así lo más probable es que te hablara de algo relacionado con el tema a lo sumo.
Rubén – Dieciséis años y siguen igual que cuando eran unos purretes. Uno dice estupideces y el otro las usa para concluir una certeza.
Joel – Entonces se fue por otra cosa decís.
Rubén – Exacto, se canso de ver como el pueblo se pierde en la corrupción de 5 imbéciles mientras 5000 los sustentan por 4 pesos la hora.
Mario – No sabía que Fernando era economista.
Rubén – No hace falta ser economista, de hecho un economista no podría entender como sigue vivo este pueblo. Hay que conocer a la gente que hace que el pueblo se mueva para entender, pero eso no es algo fácil justamente ni algo que todos puedan saber sin convertirse en un asesino en serie o un loco deambulando por la calle.
Mario – Heavy.
Joel – Y supongo que vos conocerás a esa gente y entenderás como funciona como para explicárnoslo en pocas palabras.
Rubén – Jajajaja no es tan simple. Los poco que pude llegar a averiguar fue gracias a Fernando, creo que es uno de los poco que llego a conocer en detalle las movidas del pueblo. Pero también sabía que no podía publicar lo que aprendió, decía que el pueblo desaparecería, y acá había cierta producción que no se podía perder.
Mario – ¿Producción? Acá lo único que se produce son muebles y cosas metalúrgicas.
Rubén – Cosas metalúrgicas, tan sabio como siempre.
Mario – Cerrá el orto, estoy abreviando.
Rubén – Seguro, seguro.
Joel – No creo que estuvieras hablando de algún producto de las fábricas del norte, no se fabrica nada que no exista en ningún otro lado. Y en el sur no se produce nada.
Rubén – Casi, nunca supe bien de que me estaba hablando ni pude hacer que me lo explique en detalle. Pero asumo que se refiriera a algo más que la producción material que tiene el pueblo.
Mario – Osea que producimos cosas inmateriales ahora, fabrica de fantasmas tenemos también.
Joel – No seas gil.
Rubén – No seas gil.
Mario – Cierren el orto, ustedes están diciendo giladas, no es mi culpa.
Rubén – Pero es raro, algo que se produzca acá sin que nos demos cuenta.
Joel – La posibilidad existe, ninguno sabe lo que pasa en todas las casas del pueblo. Se habla mucho pero puertas adentro cada familia tiene sus costumbres.
Mario – ¿Vos decís que alguna familia puede estar dedicando su tiempo libre a producir algo?
Joel – No seria totalmente imposible, la gente tiene pasatiempos. Algunos pasatiempos implican producir algo, aunque sea ir a hacer volar un barrilete primero tenés que tener el barrilete y el hilo.
Mario – Pero no creo que algo así haya hecho que Fernando decida irse.
Rubén – Algo como un barrilete no, pero no sabemos si todos los pasatiempos de la gente del pueblo son tan inofensivos, o si afectan a tan poca gente. Porque para volar un barrilete mas allá del que lo vuela y a lo sumo una persona mas que mire no hay nadie mas implicado.
Joel – Pero si hubiera un pasatiempo que implique a mucha gente podría producirse algo de cierta importancia.
Rubén – Partiendo de una base no comercial, digamos, fuera del circuito normal de producción monetaria.
Mario – Son todos economistas ahora, el año pasado eran todos políticos, el anterior eran todos comerciantes. Así cuando lleguemos a los 21 vamos a tener 7 profesiones cada uno.
Joel – Pero todos las mismas 7. Y si hacemos todos las mismas 7 se nos va a complicar.
Mario – ¿Por qué?
Joel – Porque nos comemos el negocio unos a otros.
Rubén – Ahora sos economista vos también perece.
Joel – Y… si es la que va ahora, mejor subirse.
Rubén – Todo es tan simple en tu mundo.
Joel – No me la complico al pedo.
Mario – Peleas de cama acá no chicas.
Rubén – ¿Te pusiste celosa?
Joel – No se peleen por mi, chicas.
Rubén – Quien se va a pelear por vos.
Joel – Todas las putitas del pueblo.
Rubén – Si claro, todas las que andan deambulando por la calle, eso es lo mas cercano a levantarte una mina que podes tener vos.
Joel – Cerrá el orto.