miércoles, 15 de diciembre de 2010

Maftasan Cap. 5



Una vez pasado el campo de maíz ya se vislumbraba la residencia Larrea, también se veía un cumulo de nubes que había avanzado bastante y amenazaba con diluviar en cualquier segundo. Una residencia modesta en la zona de cultivos, rodeada por algunas granjas algo separadas entre si. Una modesta casa de un color amarillo pálido y descascarado, despedía un aire de nostalgia, 25 pasos a la izquierda yacía un galpón de unos diez metros de largo y entre seis y siete de ancho, oxidado por años de clima húmedo.
Al llegar al portón, casi como un reflejo, Mario aplaudió dos veces, al tiempo que Joel desenroscaba una soga que lo mantenía cerrado.
Joel - ¿Qué haces?
Mario – Llamo a ver si hay alguien, vos que haces abriendo de una.
Joel – Te dije que ya me conoce, además tampoco venimos a robar nada, tenemos que dejar esto y nos vamos, no hace falta hablar con nadie. Dale entrá que cierro.
Mario – No seas bestia, es de buena educación saludar al dueño de casa cuando se visita la casa.
Joel – Muy elocuente lo tuyo.
Mario – Me educaron para ser un caballero, las reglas de cortesía son la base de la sociedad. No como vos que no pedís permiso para nada.
Joel – Tampoco para nada, pero no pierdo el tiempo con modales que no sirven para nada más que para tener modales.
Mario – No es solo para tener modales, es lo que se llama cortesía social. Hace que sea más placentero ser de esa sociedad.
Joel – Eso no es lo que hace que sea más placentero ser de una sociedad o de otra, las condiciones sociales en las que vivís son las que hacen eso. La facilidad para trabajar, estudiar, usar espacios públicos, cosas así, no tener modales.
Mario – También eso, pero todo eso se da o no depende de cómo se relaciona la gente de esa sociedad. Y para eso son los modales, para que las relaciones se den correctamente.
Joel – ¿Correctamente? Bancáme que dejo esto.
Una vez re-enroscada la soga y recorrido el camino del portón a la casa, Joel se adelanta en dirección al buzón a la derecha de la puerta. Pero se detiene al pisar el segundo de los cuatro escalones hacia la entrada, viendo que la puerta de la casa se abre y un hombre mayor, Don Larrea, sale a su encuentro.
Larrea – Pero mira quien vino a visitarme, el cadete oficial de los vagos y trajiste un compañero hoy.
Joel – Buen día don Larrea, le traigo un paquete de parte de Rubén.
Mario – Buen día.
Larrea – A ver que me traés.
Ya estando los tres en la puerta de la casa, Joel extiende la mano con el libro. Larrea toma el paquete e inmediatamente rompe sin mucho cuidado el papel madera, descubriendo la primer página de un libro que perdió su portada hace mucho.
Larrea – Ah, mira vos. Este libro yo se lo había prestado a Fernando ¿Me decís que te lo dio Rubén? Se ve que estuvieron teniendo sus propios intercambios esos dos. Que peligro la juventud de estos días.
Mario – Disculpe don Larrea ¿Le puedo hacer una pregunta?
Larrea – Dos.
Mario - ¿Por qué tanto misterio con estos libros? Con eso de mandarlos empaquetados y todo.
Larrea – ¡JA! ¿Te pico el bichito de la curiosidad?
Mario – Un poco, si.
Larrea – Justamente esa es la razón.
Mario – ¿Darme curiosidad es la razón?
Larrea – Exactamente.
Mario – ¿Tan importante es mi curiosidad?
Larrea – No es tu curiosidad en particular la que me interesa. Es la curiosidad social, es plantar una duda, crear un objetivo, desviar las miradas por unos segundos hacia lo desconocido. Pero mejor sigamos adentro que nos vamos a mojar acá afuera. ¿Ya comieron? Estoy preparando un cacho de carne, hay suficiente para tres si no les importa comerla sin papas.
Decía entrando nuevamente en la casa.
Mario – Mira que suerte la nuestra, yo pensando que hoy iba a pasar hambre.
Joel – Dale gordo entra, no sea que hagas dieta un día.
Así también ellos se adentran en la casa
Mario – Permiso.
Contrastando con la imagen deteriorada que despedía la fachada, el interior estaba increíblemente limpio y ordenado. Se encontraban en una sala de estar espaciosa, con una larga mesa en la pared opuesta a la puerta de entrada, una biblioteca ocupaba más de la mitad de la pared izquierda. A la derecha había dos puertas, una pegada a la pared de la puerta de entrada, que entreabierta dejaba ver la cocina, y otra casi en el medio, cerrada. Entre ambas cinco estantes atiborrados de libros y una estatuilla de la Venus de milo convertida en lámpara con cinta de aislar como principal herramienta. La única ventana de la habitación estaba casi pegada a la puerta de entrada.
Desde la cocina se escucha a Don Larrea.
Larrea – Vengan, agárrense un par de platos y lo que necesiten para la mesa.

viernes, 23 de julio de 2010

Maftasan, cap 4



Tras bajar las escaleras y atravesar la puerta de salida, comienzan su trayecto hacia la residencia Larrea. Hay unas nueve cuadras hasta la puerta del norte, era prácticamente la otra punta del pueblo.
Mario – ¿Donde queda lo del Larrea este?
Joel – Es al norte, después de que termina el maíz ponéle medio kilómetro mas.
Mario – ¿Que? Es un buen rato caminando. Es terrible este pibe le das la mano y te agarra hasta el cuello.
Joel – Nadie dijo nunca que fuera cerca, que vos no sepas donde vive la gente es tu problema.
Mario – No puedo ocupar mi mente con las direcciones de todo el pueblo, tengo cosas mas importantes en que pensar.
Joel – Si, seguro…. Seguro se están gestando las respuestas a todos los problemas de la sociedad en esa cabeza.
Mario – Calláte gil.
Tras caminar una cuadra y media, doblan a la derecha, avanzando las nueve cuadras que los separan de la puerta de salida a la zona de cultivos.
Mario – ¿Nos dará de comer este Larrea? Sino entre que vamos y volvemos no comemos más. Ya pescar no es una opción, si llegas después de la una podes terminar comiendo a las cuatro de la tarde.
Joel – Acabas de comer el desayuno, no paso ni media hora y ya estas pensando en almorzar gordita, no te va a entrar el bikini en el verano.
Mario – Cerrá el orto, yo como por horario no según hace cuanto comí. A las doce y media mi panza sabe que es la hora de almorzar y a mi me da hambre, y punto.
Joel – Eso es ahora porque en el colegio comes a esta hora.
Mario – Exacto, tengo la panza disciplinada.
Joel – Entonces no importa a que hora comas, podes disciplinarla como quieras.
Mario – No fui yo el que la disciplino fue el colegio, ahora es tarde para cambiarla, quiero comer. Podría comprar un sándwich por acá.
Joel – Entonces la panza que te disciplinaron te domina a vos, te disciplinaron a vos gil no a la panza.
Mario – Cerrá el orto.
Joel – Además no tiene sentido ese horario nadie mas come a esa hora.
Mario – El resto del mundo puede comer cuando quiera, yo tengo hambre ahora.
Joel – ¿Conoces a alguien que haya terminado el colegio y coma a las doce y media?
Mario – No, ¿Y?
Joel – Y que entonces no tiene sentido que te acostumbres a comer tan temprano, si el resto de tu vida vas a comer mas tarde.
Mario – Puedo volver a disciplinar la panza.
Joel – Vos no creo, en todo caso alguna oficina, que ejerza su disciplina en vos.
Mario – Cerrá el orto, yo puedo disciplinar mi panza como quiera, ahora elegí este horario porque me cierra con lo que hago todos los días.
Joel – Seguro, si mañana nos corren el horario del almuerzo a la una te van a acostumbrar a la una, y ya.
Mario – En todo caso yo me voy a acostumbrar.
Joel – Pero no sos vos el que controla el horario gil, te están disciplinando a vos, si querés creéte que sos vos pero vos no controlas nada.
Mario – Vos no entendés nada, yo me adapto a lo que me presentan
Joel – Masomenos, si es así ¿Porque tenés hambre ahora?
Mario – Y, porque me adapte a este horario, no es instantánea la adaptación ¿No leíste nada de Darwin vos pibe? Las especies tardan milloooones de años en...
Joel – (interrumpiendo) Callaaaate gil, dale anda a comprarte algo al almacén ese, que una ves que pasemos la puerta no hay nada más. Compráme uno ya que vas.
Mario – Viste que hay hambre, te la das de groso pero sos el mas educadito, gil.
Joel – Me diste hambre vos de tanto hablar de comer.
Así Mario entro en el último local de la cuadra anterior a la puerta de salida del pueblo, después quedaba media cuadra de depósitos y casas abandonadas hace mucho tiempo, ahora tapiadas en puertas y ventanas. Esta salida era bastante más grande que la del oeste por la que se había ido Fernando. Una calle de asfalto de dos manos la atravesaba, por la que grandes cargamentos de alimento eran traídos desde las nueve de la mañana. A esta hora ya no circulaban alimentos sino camiones con obreros, maquinaria o vendedores de palas y demás artículos de cultivo que salían rumbo a las zonas de cultivo.
Tras cruzar una última calle estarían cruzando el gran portón que casi nunca se cerraba, la única con esta cualidad. Y así avanzaron comiendo su almuerzo al paso, tras pasar la puerta doblaron a la izquierda avanzando unos cuatrocientos metros hasta el camino que bordea la plantación de maíz. Por dicho camino tenían 2 kilómetros todavía, por suerte el clima los acompañaba, aunque unas nubes se veían asomando por el oeste.
Mario - Panza llena corazón contento
Joel – Panza obediente tenés que decir vos.
Mario – Panza adaptable.
Joel – Panza educada.
Mario – Ya fue.
Joel – Se.
Mario – Que raro que haya mandado el libro envuelto en papel. Es un libro nada más
Joel – Eso lo saco de Fernando, decía que no era buena idea que se vea todo lo que circula por el pueblo, pero que hay que mostrar que circula algo que no se ve. Decía que para darle de que hablar a las viejas.
Mario – Si, justo lo que más le importaba a Fér eran las viejas, justo. Te estaba delirando.
Joel – No se, siempre que mandaba o llevaba algo escrito lo envolvía o metía en un sobre así de papel madera.
Mario – Nunca vi que le mande nada a nadie.
Joel – A mi me hizo llevarle cosas varias veces. Mas que nada libros, y varios a este Larrea.
Mario – ¿Que sos el pibe de los mandados de medio pueblo vos?
Joel – Sera que la gente sabe que cumplo con las entregas, lo bueno es que varias personas me deben favores, contándote a vos.
Mario – ¿Qué te debo yo? ¡Ladrón!
Joel – María Fernanda Algodabar
Mario – Aaaahhh, eso no es nada, ni siquiera le saque un beso, eso no es un favor.
Joel – No es mi culpa que no sepas hablar con una mujer, vos quisiste el encuentro y yo lo arregle, me debes un favor, punto.
Mario – Ta bien, ta bien. Che ¿Y este Larrea que onda? Vos lo conoces ¿no?
Joel – Apenas, casi nunca está, tiene un cajón al lado de la puerta para que le dejen cosas cuando le llevan algo. Una sola ves lo vi, y apenas hable.
Mario - ¿Osea que no sabemos nada del señor este?
Joel – Nop. Yo le pregunte a alguno que otro del pueblo y todos te dicen, aaaahhh si, el que vive allá pasando el maíz. Pero dudo que alguien sepa algo más que eso.
Mario – A Rubén hay que preguntarle.
Joel – Le pregunte, pero hace bastante ya, cuando Fér le mandaba libros.
Mario – ¿Y Fér de donde lo sacó?
Joel – Creo que el viejo de Fér lo conocía a Larrea. Y cada tanto iba a la casa a cenar.
Mario – ¿Este viejo no será el que los convence de irse no?
Joel - No creo, pero si Rubén se pega el palo puede que tengas razón.
Mario – Me parece que no le voy a dar mucha bola, me suena a viejo loco de entrada.
Joel – Vos porque sos medio gil y cualquiera te convence de cualquier cosa. Si ni siquiera elegís a que hora comes.
Mario – Ah claro, porque vos si elegís a que hora comes todos los días.
Joel – Touché.

martes, 11 de mayo de 2010

Maftasan, cap 3





En ese momento se escuchan tres golpes desde la puerta de la habitación
Rubén – Adelante.
La puerta se abre y entra Marce cargando con ambas manos una bandeja en la que lleva una pava de la que se ve salir un leve vapor, tres tazas con sus respectivos platitos, cucharas y bolsitas de te, una cesta con panes tostados, un pequeño plato con manteca, mermelada de frutilla y tres untadores.
Rubén – Ustedes saben llegar para la hora del desayuno ¿Que paso con el colegio?
Mario – No es culpa nuestra que vos desayunes tarde.
Joel – Mandamos a la nena, suficiente para enterarse si pasa algo.
Rubén – Esta perdida la juventud ¿Vos que decís Marce?
Tras haber apoyado la bandeja en el escritorio, habiendo tenido que hacer lugar a la fuerza entre pilas de papeles y libros, Marce servía agua caliente en las tazas. Entregando la primera a Joel contesta.
Marce – Seguramente los niños habrán tenido una razón más que importante para dejar de lado sus obligaciones. Ellos saben lo importante que es cumplir con el deber. ¿O me equivoco? – Enuncia mirando a los ojos a Mario al entregarle su taza recién servida.
Mario – Claro, claro. Razones muy importantes tenemos.
Rubén – ¿Y a donde los van a llevar sus importantes razones cuando terminen de comerme el desayuno? Gracias Marce
Marce – Un placer.
Acto seguido Marce dio media vuelta y salió de la habitación.
Joel – Y probablemente a ver si pescamos algo ¿Vos tenés algo que hacer?
Rubén – A la una tengo un almuerzo con una señorita estudiante, al cual no están invitados ustedes.
Mario – ¿Tenés miedo de que veamos los pescados que te andas comiendo?
Rubén – Tengo miedo de que te vea y salga corriendo, petiso horrible.
Mario – Cerrá el orto
Joel – ¿Es otra de tus activistas por un buen sueldo?
Rubén – Tal ves ¿Te molesta esa causa?
Joel – No es que me moleste la causa, pero la mayoría de los que están en esas movidas son los que no están trabajando. Son los únicos que tienen suficiente tiempo libre.
Rubén – Alguien tiene que salir a pelearla, sino la situación no va a mejorar nunca para los que trabajan.
Mario – “Partido Vagos por el Trabajador” deberían llamarse.
Joel – Juntarían un par de votos mas con ese nombre, la juegan de honestos.
Rubén – Se lo voy a sugerir a ver si le interesa.
Mario – Jajajaja, decíle que tienen mi voto si se cambian el nombre
Rubén – Para que tu voto valga algo primero tenés que poder votar.
Joel – Es un voto a futuro, tenés que trabajar a la juventud si querés ganar en las próximas.
Rubén – Eso ya es una idea más considerable.
Mario – Que buen pan compran en tu casa, así me vas a tener siempre desayunando o merendando acá.
Joel – O ambas.
Rubén – Le voy a decir a Marce que cambie de panadería.
Joel – Si le decís eso seguro va a comprar un kilo en cada panadería en ves de dos en la misma.
Rubén – Probablemente, debe pensar en la mitad de los habitantes del pueblo a lo largo de cada día ese hombre.
Joel – O mas, Marce debería postularse para gobernador, creo que tendría bastante mas éxito que los tres chantas de siempre.
Mario – Fuera de joda, lo conoce una importante parte del pueblo te digo.
Rubén – Probablemente tenga unas buenas chances de ganar si se postula. Pero es demasiado considerado para ser gobernador, no podes preocuparte porque todo el mundo este cómodo si sos gobernador.
Mario – ¿Porque no? Seria una buena promesa de campaña. “Comodidad para todos, de la mano de Marce” – Enunció formando un rectángulo con los dedos índice y pulgar.
Joel – “Para que no te incomode que te sigamos explotando”.
Mario – No es un gran avance pero es algo. Es honesto por lo menos.
Rubén – Ustedes dos tiene que formarse un partido, delirantes de hoy votantes de mañana.
Joel – ¡JA!, juntamos medio colegio.
Rubén – El único problema es que cuando pasan a ser votantes dejan el partido.
Mario – Es un pre-partido. El calentamiento antes de entrar a la cancha.
Joel – Les damos clases de estiramiento.
Mario – Jajajaja, empezamos cada reunión corriendo 5 minutos.
Rubén – Ya que van a estar tan libres a la tarde me pueden hacer un mandado.
Mario – Que raro vos pidiendo que hagamos cosas.
Rubén – Si no querés hacerme un favor no vengas a comer ratón.
Joel – Ya, ya chicas, no se peleen. ¿Que necesitas?
Rubén – Toma, llevále esto al viejo Larrea. Decile que me disculpe por mandárselo tarde.
Rubén dice al abrir el segundo cajón de su escritorio, sacar un paquete de tamaño algo menor al de la guía telefónica del pueblo envuelto en papel madera y dárselo a Joel.
Joel – ¿Que es?
Rubén – Un libro, me presta uno por mes, este tarde un poco más en leerlo.
Mario- Como le entras a los libros, vivís en un cuento vos.
Rubén – No todo lo que se escribe son cuentos, aunque para saber eso tendrías que abrir más de dos libros por lo menos.
Mario – Cerrá el orto, yo leí bastante mas de dos libros.
Rubén – Si los que te dieron en el colegio, cuentitos para entretener a los nenes y no tener que darles clase.
Joel – No es acá nomas lo de Larrea, va a tener su precio este favor que pedís.
Rubén – Si lo haces no me debes el desayuno de hoy.
Joel – No, no, anótemelo en la cuenta este, ya me va a venir bien que me debas un favor.
Mario – Que ¡NOS! Deba un favor.
Rubén – A vos no te debo nada petiso feo, agradece que no te cobre lo que comes acá.
Mario – Ni que te comiera toda la heladera maricón.
Rubén – Acá comes dos veces al día mínimo.
Mario – Yo vengo a visitar, no es mi culpa que cada ves que vengo Marce me ofrece algo pa´ picar.
Rubén – Si, seguro, muerto de hambre, vayan dale que me voy a higienizar un poco.
Mario – Decile a Marce que no te ponga mucho talco en la cola.
Rubén – Decile a tu vieja que hoy llego tarde.
Joel – Ya, ya chicas, vamos dale, chau cuidate.
Rubén – Chau, no se pierdan en el campo.
Mario – Mandale saludos a tu nena.

miércoles, 7 de abril de 2010

Maftasan, cap 2


Tras caminar un rato arriva el trió en la plaza principal, quedaban en ella los vestigios del festival anual de la roca.
Mario – Este se fue pero la fiesta no se la perdió.
Joel – Tampoco se perdió a tu hermana.
Mario – Calláte gil te voy a matar.
Acto seguido golpea con algo de fuerza a Joel en el hombro, a lo que Joel responde con otro puñetazo. Así se entrelazan en un enfrentamiento sin otro objeto que la pelea misma.
Anabel – Chicooooos, parecen nenes, cálmense. No crecen más ustedes.
Las palabras de Anabel, para su sorpresa, detienen el combate.
Anabel – ¿Que paso? ¿Crecieron de repente? ¿Tanto los cambio esto?
Joel – No, seguimos siendo los mismos, pero hoy no hay demasiado humor combativo.
Mario – Si, es un día de “capacáida”, como diría mi abuelo.
Anabel – ¿De que?
Mario – Nada nena deja, vamos yendo que no vamos a llegar ni a la segunda a este paso.
Anabel – No te hagas el superadito conmigo eeehh!!! Nena nada.
Mario – Shhhh, camina nena dale, que se te va a enojar la profe y no se va a comer la manzana que le llevaste.
Anabel – SOS UN ESTUPIDO!!!
Inmediatamente, Anabel salió corriendo hacia el sur, por la calle 2, sabia que le quedaban 15 minutos y 5 cuadras para la próxima clase. Tenía tiempo de sobra, pero si se hubiera quedado con los vagos quien sabe si llegaría a tiempo, ella no podía perder así su tiempo. El tiempo en la familia Perales era oro de 14 quilates, eso había aprendido desde pequeña de su padre, Raúl Perales, el autonombrado joyero más importante de Maftasan.
Mario – ¿Y que hacemos? ¿Vamos?
Joel – Hace tiempo que venimos yendo. Hoy amerita
Mario – ¡Perfecto! Vamos a la principal un rato.
Joel – Podríamos pasar por lo de Rubén, a contarle.
Mario – Si, no es mala idea, y esta acá nomas.
Caminando hacia el sur pasaron unas 3 cuadras y doblaron a la izquierda, en plena calle comercial.
Joel – No hay muchos puestos ya, se ve que algunos se tomaron unas vacaciones después del festival.
Mario – Y… les debe haber dejado una buena diferencia. Este año se llenó.
Joel – Cada año se extiende mas, si sigue así va a terminar ocupando toda la 2.
Mario – Hay que ver como la arman en el barrio norte.
Joel – Una feria distinta se va a hacer ahí jejeje.
Mario – Jajajaja, seee. Me imagino los tours.
Joel – A su izquierda un adorable puesto de robo de billeteras, siguiendo en este otro puesto una espectacular variedad de estupefacientes desde drogas duras a blandas para su elección.
Mario – Jajajaja, convenientemente empacadas en bolsitas por gramo.
Joel – Jajajaja.
Tras caminar una cuadra y media se detuvieron frente a una casona estilo colonial color crema con tejados adornados con ornamentas verde ingles. Tras tocar el timbre y esperar unos segundos se escucha una vos salir del portero eléctrico.
Voz – Buen día ¿En que lo puedo ayudar?
Joel – Buen día ¿Se encuentra Rubén?
Voz – ¿Quien lo busca?
Joel – Joel y Mario.
Voz – Un minuto por favor.
Tras poco más de medio minuto la puerta se abre
Voz – Adelante por favor.
Joel – Buen día, Marce.
Mario – Buenas.
Pronunciaban al adentrarse en la vivienda. Al pasar la puerta, se detienen unos minutos a saludar al que les gustaba llamar “mayordomo” de la familia Juárez. Un esbelto hombre ya entrado en años, de tez morena nacido bien al norte del pueblo. Hoy en día vivía en la residencia Juárez. Atravesando el hall principal y subiendo unas escaleras que ocupaban una buena parte de la pared contraria a la entrada, llegaron al pasillo de los cuartos. Tres puertas a cada lado, la última de la izquierda era su destino. Tras golpear dos veces entran en la habitación.
El cuarto de Rubén tenía unos 12 metros cuadrados, estaba junto al despacho de su padre y frente al baño, por lo que no solía despertar a su familia con sus actividades nocturnas. Al otro lado del despacho se encontraba el dormitorio principal, y junto al baño el cuarto de invitados. Luego quedaba el cuarto de servicio, básicamente el cuarto de marce, el cual tenia 2 paredes completamente ocupadas con productos de limpieza, jardinería, mecánica y demás, en otra una cama con su una mesa de noche y en la ultima otra con 2 placares con cerrojo que permanecían cerrados durante la jornada laboral. Entre estos una ventana orientada al norte.
Joel – Buen día rubia
Rubén – Hola pareja de homosexuales.
Mario – Deja de mirarte al espejo para decir eso.
Rubén – Cerrá la boca, te morís de ganas de tener esta facha, petiso horrible
Mario – Seré petiso pero te deformo la jeta a piñas y después vemos quien es el horrible.
Joel – Ya, ya, no sean histéricas.
Rubén – ¿Y que pasó? ¿Qué vinieron a buscar tan temprano?
Joel – Se fue Fernando hace un rato.
Rubén – ¿Ya se fue? Pensé que se iba a quedar unas semanas mas, se ve que no aguantó más.
Mario – Le toco una bastante jodida, no cualquiera se la banca.
Joel – Si pero no se si eso fue lo que lo hizo irse.
Mario – ¿Por?
Joel – Es cierto que no es fácil vivir sin padres pero es un tema que el ya tenia, podríamos decir, superado dentro de todo. De hecho es bastante raro que hable de su familia…. Pero fue casi de lo que mas nos hablo cuando se fue.
Mario – ¿Vos decís? Para mí que simplemente le preocupaba su vieja y estaba triste porque dejaba todo atrás, te guste o no sus raíces son de acá, mas allá de sus padres.
Joel – No se, nunca escuche a Fernando hablar de lo que le preocupa sin que le tengas que preguntar quince veces. Y aun así lo más probable es que te hablara de algo relacionado con el tema a lo sumo.
Rubén – Dieciséis años y siguen igual que cuando eran unos purretes. Uno dice estupideces y el otro las usa para concluir una certeza.
Joel – Entonces se fue por otra cosa decís.
Rubén – Exacto, se canso de ver como el pueblo se pierde en la corrupción de 5 imbéciles mientras 5000 los sustentan por 4 pesos la hora.
Mario – No sabía que Fernando era economista.
Rubén – No hace falta ser economista, de hecho un economista no podría entender como sigue vivo este pueblo. Hay que conocer a la gente que hace que el pueblo se mueva para entender, pero eso no es algo fácil justamente ni algo que todos puedan saber sin convertirse en un asesino en serie o un loco deambulando por la calle.
Mario – Heavy.
Joel – Y supongo que vos conocerás a esa gente y entenderás como funciona como para explicárnoslo en pocas palabras.
Rubén – Jajajaja no es tan simple. Los poco que pude llegar a averiguar fue gracias a Fernando, creo que es uno de los poco que llego a conocer en detalle las movidas del pueblo. Pero también sabía que no podía publicar lo que aprendió, decía que el pueblo desaparecería, y acá había cierta producción que no se podía perder.
Mario – ¿Producción? Acá lo único que se produce son muebles y cosas metalúrgicas.
Rubén – Cosas metalúrgicas, tan sabio como siempre.
Mario – Cerrá el orto, estoy abreviando.
Rubén – Seguro, seguro.
Joel – No creo que estuvieras hablando de algún producto de las fábricas del norte, no se fabrica nada que no exista en ningún otro lado. Y en el sur no se produce nada.
Rubén – Casi, nunca supe bien de que me estaba hablando ni pude hacer que me lo explique en detalle. Pero asumo que se refiriera a algo más que la producción material que tiene el pueblo.
Mario – Osea que producimos cosas inmateriales ahora, fabrica de fantasmas tenemos también.
Joel – No seas gil.
Rubén – No seas gil.
Mario – Cierren el orto, ustedes están diciendo giladas, no es mi culpa.
Rubén – Pero es raro, algo que se produzca acá sin que nos demos cuenta.
Joel – La posibilidad existe, ninguno sabe lo que pasa en todas las casas del pueblo. Se habla mucho pero puertas adentro cada familia tiene sus costumbres.
Mario – ¿Vos decís que alguna familia puede estar dedicando su tiempo libre a producir algo?
Joel – No seria totalmente imposible, la gente tiene pasatiempos. Algunos pasatiempos implican producir algo, aunque sea ir a hacer volar un barrilete primero tenés que tener el barrilete y el hilo.
Mario – Pero no creo que algo así haya hecho que Fernando decida irse.
Rubén – Algo como un barrilete no, pero no sabemos si todos los pasatiempos de la gente del pueblo son tan inofensivos, o si afectan a tan poca gente. Porque para volar un barrilete mas allá del que lo vuela y a lo sumo una persona mas que mire no hay nadie mas implicado.
Joel – Pero si hubiera un pasatiempo que implique a mucha gente podría producirse algo de cierta importancia.
Rubén – Partiendo de una base no comercial, digamos, fuera del circuito normal de producción monetaria.
Mario – Son todos economistas ahora, el año pasado eran todos políticos, el anterior eran todos comerciantes. Así cuando lleguemos a los 21 vamos a tener 7 profesiones cada uno.
Joel – Pero todos las mismas 7. Y si hacemos todos las mismas 7 se nos va a complicar.
Mario – ¿Por qué?
Joel – Porque nos comemos el negocio unos a otros.
Rubén – Ahora sos economista vos también perece.
Joel – Y… si es la que va ahora, mejor subirse.
Rubén – Todo es tan simple en tu mundo.
Joel – No me la complico al pedo.
Mario – Peleas de cama acá no chicas.
Rubén – ¿Te pusiste celosa?
Joel – No se peleen por mi, chicas.
Rubén – Quien se va a pelear por vos.
Joel – Todas las putitas del pueblo.
Rubén – Si claro, todas las que andan deambulando por la calle, eso es lo mas cercano a levantarte una mina que podes tener vos.
Joel – Cerrá el orto.

domingo, 11 de octubre de 2009

Maftasan, cap 1




Se termina el sueño, es hora de despertar, ya son las 7. Joel despierta comenzando su usual sudoración, el dolor comienza en la base de su cráneo. Desciende a la base de la columna vertebral como un tranvía de agujas y ardiente carbón, lanzando pequeñas puntadas por cada costilla que rebasa, convergiendo en el esternón, 24 dagas en el pecho en 60 minutos. Los órganos se estremecen como si tuvieran turno. Entre pequeñas convulsiones, algo de secreciones, se pasa la hora habitual. De un segundo a otro llegaron las 8 de la mañana. Todo vuelve a la acostumbrada calma del pueblo de Maftasan.
El panadero, quien solía despertar aun antes de las 7, abría su tienda a los primeros transeúntes, a los callejeros. Aquellos hombres que han perdido la fuerza necesaria para sobrellevar una tortura diaria. Dedicados solamente a deambular balbuceando silabas en lenguas muertas para el mundo, recibiendo alimentos de algún que otro piadoso conocido de la antigua escuela, que enuncia seguidamente: “Es una lastima que Jorge se haya dejado llevar por una hora diaria, a una vida de negar la realidad así... Se olvida que sin esa hora el sol deja de salir en un par de días, y después fue.... todo”.
Desde la ventana de Joel se divisa medio poblado y cuarta parte aun permanecía en la sombra. Sentado en su cama observa por su ventana en dirección noreste, mientras la luz del amanecer va alcanzando lentamente su ventana. Nunca la recibirá en su rostro, no en su cama al menos, tan solo un rincón es iluminado diariamente. Cuando se ilumina la cruz de la iglesia boriana Joel deja su habitación, una media hora después de terminado el rito.
Al reunirse con su familia para desayunar, su madre en tono de preocupación se dirige a Joel.
Dora - Ay nene ¿Porque tardas tanto en bajar a la mesa? Las tostadas ya están casi frías, y tu hermano ya se fue a su entrenamiento. Que suerte que le haya tocado el turno tarde. Si tuviera que ir de noche posiblemente terminaría como todos esos locos que andan por la calle todos sucios. ¿Vos no será por eso que tardas no? Mira que no voy a permitir que ningún hijo mío termine así.
Joel - Tranquila má, me quedo descansando, sabes que me cansa un poco esto de despertarme sudando y con dolores.
Dora - Si nene ya se, vos no te preocupes come tranquilo y después salí para el colegio que vas a llegar tarde.
Joel sabia que el tono de preocupación de su madre no era nada para alarmarse, casi siempre hablaba así, en especial con sus familia y amigos. Seria su forma de demostrar su afecto hacia su gente querida, pensaba el. Su padre Javier, por otro lado, todas las mañanas se embutía en su diario y su café hasta las 9:30 cuando salía corriendo a trabajar mascullando quejidos sobre como siempre se le hacia tarde. “¿Porque no me dijiste que ya era tarde Dorita?" No puedo estar corriendo así todos los días.” Decía, aunque Dora, que conocía el funcionamiento matutino de su marido, ya contaba con los relojes apropiadamente adelantados 10 minutos. Ella no podía permitir que su marido llegara tarde a trabajar por su propia pasión por las noticias, o eso pensaba. Así salía por la puerta a los tumbos poniéndose el saco seguido por Joel que a esa hora saldría hacia el colegio tras pasar a buscar a su vecino Mario, quien se encontraba hoy esperándolo en la puerta de su casa. Algo poco común.
Mario - Vamos rápido y silbando bajo. Pasó algo, apúrate dale.
Joel sin cuestionar las palabras de Mario se despide de su padre y salió a la carrera de su compañero.
Joel - ¿Que paso?
Mario - Es Fernando, dice que deja el pueblo.
Joel - ¿Como? ¿No entiende ese pibe? De esto no se escapa.
Mario - Si bueno, pero no todos lo aceptan tan fácil Joel.
Joel - Se… Además con los padres que le tocaron no es una gran sorpresa.
Mario - Supongo que eso es otra cosa de lo que no se escapa
Joel - ¿Eso que?
Mario - La herencia familiar, el linaje
Joel - ¿Ósea que vas a ser diariero vos? ¿O trabajar en un salón de belleza? Jajajaja
Mario - No seas bobo, aunque no seria de sorprenderse que termine haciéndome cargo del puesto de diarios, ya algunas veces hice el recorrido de entrega de las 8:20, cuando el viejo estaba enfermo.
Joel - Cierto, entonces supongo que terminare siendo carpintero como mi viejo.
Mario - Y… cierta facilidad tenés para esas cosas.
Joel - Se, che ahí esta, mira ya tiene la mochila puesta. ¡¡¡FERNANDO!!!
Fernando, siempre fue alto, dicen que pego el estirón porque la vida se lo requería. Con su padre fugado del pueblo y su madre deambulando por las calles, había aprendido a mantenerse por sus propios medios desde pequeño. Por eso no asombraba demasiado a nadie que se fuera, en este pueblo nunca había conocido más que el estudio y el trabajo. Habiendo cumplido recientemente sus 18 años decidió que ya había tenido suficiente de este pueblo y su gente. Con ese humor lleno de un optimismo enfermante, claro que este pensamiento se lo guardaba. En el pueblo se sabía que se iba a buscar a su padre.
Fernando - EY!!! Pensé que no iban a venir a decirme chau.
Mario - Y vos también mira la hora que elegís, gilastrun.
Fernando – Siempre es mejor viajar de día, para ver el paisaje.
Joel – Si bueno, para eso o para llegar de noche, sabiendo que te vas a despertar a las 8 mejor dormirte temprano vayas donde vayas.
Fernando – ¡JE! Por eso siempre me caíste bien pibe, sos de los pocos que me hablan con los pies en la tierra, en vez de desearme un buen viaje.
Mario – Vos sos otro de esos pocos, cada vez quedamos menos acá.
Fernando – Supongo, pero me imagino que no se sorprenderán con esto muchachos. Más sorprendente seria que me quede acá. No tengo casi nada en este pueblo, dolor nada más, además dicen que estas cosas se heredan.
Joel – Si, la verdad es que apostamos a que edad te ibas. Perdí por un año.
Fernando – Jajajaja!! Y bueno querido me hubieras dicho y compartíamos ganancias, no me hubiera venido mal para el viaje.
Mario – No te va a hacer falta, siempre te las arreglaste.
Fernando – Con amigos es fácil arreglarse. Ahí afuera veremos que pasa, lo único seguro es que no voy a volver a pisar este lugar.
Mario – Anda tranquilo, nosotros te cuidamos el rancho por si las dudas.
Fernando – Hmpf! Se los dejo a su cargo, también a la vieja. No les puedo pedir que la cuiden porque es incuidable, pero si le dan un pan de vez en cuando se los agradezco.
Joel – No te preocupes, nos encargamos.
Fernando – Adiós entonces, mejor partir rápido, si me quedo mucho voy a escuchar las habladurías del pueblo, y ya saben que pienso de eso. Chau
Mario – Chau
Joel – Chau
Tras abrasarse con ambos Fernando dio media vuelta y empezó a caminar hacia la puerta. Los chicos se quedaron mirando un rato, como le abrían la puerta y desaparecía cuando la cerraban. A los 10 minutos ellos seguían ahí parados en silencio, simplemente mirando la puerta, cuando corriendo llega una chica pelirroja de estatura media y unas cuantas pecas en la cara. Una compañera de curso de los chicos, también amiga de Fernando.
Anabel – ¿Donde esta?
Joel – Ya se fue, te lo perdiste.
Mario – Hubieras venido en bicicleta, si vivís en la otra punta del pueblo era seguro que corriendo no ibas a llegar.
Anabel – Podrían haberlo retenido un rato ustedes. ¿O pensaron que no iba avenir?
Joel – Que raro que no te haya esperado, ahora que me decís ni siquiera te nombro, estábamos con la cabeza en otro lado supongo.
Anabel – ¡¡¡QUE MALOS QUE SON!!!! Yo me vengo corriendo para decirle chau y ni siquiera se acuerdan de mí.
Joel – Disculpa corazón, sabes que no te lo hicimos a propósito.
Anabel – Si ya se. Igual podrían haber sido considerados.
Joel – Supongo. Vamos yendo que se nos hizo tarde.
Mario – La profesora sabia, ella me aviso. Supongo que asumiría que no iríamos a la primer hora.
Joel – ¿Ella te aviso? Pensé que te habría dicho el.
Mario – No, ella me dijo, me llamo a casa hoy a la mañana.
Anabel – A mi también me llamo ella. ¿Como sabia antes que nosotros?
Mario – Ella siempre lo quiso como un hijo a Fer. Supongo que querría que alguien fuera a despedirlo.
Ninguna casa pasaba los tres pisos, y eran pocos los aventurados que construían tan alto. Entre los edificios enanos iban caminando los tres, como tantas veces lo habían echo en sus escasos 16 años. Pero hoy no se escuchaba salir de ellos al habitual escandalete sobre el que los mercaderes acostumbraban comentar a eso de las nueve y media. Hoy no solo se habían retrasado sino que caminaban por la vereda manteniendo una conversación de poco volumen, pocas alteraciones en el tono, ninguna emoción desbordada en palabras.
Simplemente decían lo mínimo necesario que, ellos sabían, evitaba habladurías en el pueblo respecto de ellos. Ya bastante tenían con la huida de Fernando como para tirar mas leña al fuego, sino comenzarían con que ellos lo habían echado, que ellos habían planeado cosas oscuras con el y estas requerían que uno de ellos deje el pueblo, que ellos si irían yendo como el otro uno tras otro, etc. En el pueblo, toda acción publica era comentada en privado, si bien ya la población era considerable y creciendo por año, la circulación de las noticias verbales era mas veloz que las emitidas por radio o publicadas en el diario.

martes, 26 de mayo de 2009

Producciones




Cuando el sol que no brilla asoma, se encuentran refugios de penumbra ficticia. Entre trazos mal pintados y espejismos de grandeza insospechada, cinemas que muestran lo que nos falta. Talvez para alentar la esperanza de que es posible, de que es alcanzable. El cómo sé vera, se planeara talvez y de ser levado a cabo sé reinventara sobre la marcha para adaptarse a las reglas de la realidad. De no ser llevado a cabo talvez se conserve como saber, material a ser discutido. Una vez tratado en sociedad tiene una segunda chance de convertirse en real, esta vez con un terreno más amplio y una población más diversa.
En cualquier caso se convierte en terreno de producción. Una vez definido como tal, se debe explorar su espesura, averiguar para que producción es apto ese terreno y comenzar a concebir las practicas a llevarse a cabo. También se estudia donde esta situado y que efectos tendrá en los procesos aquí efectuados la relación con aquellos que lo rodea, provee y consume.
Si bien el sol oscuro es un modo de crear acción y saber, también en el discurso social naden terrenos y planes de acción ajenos a los nacidos así. Estos naces circundantes a los anteriores y no reconocen dueño real. Ahora el estudio se realiza de otra forma, se comienza por ver que terreno puede ser poblado por los productos de los procesos que le rodean. Engendrando a partir de ellos una nueva producción medianamente ajena a los procesos adyacentes.
Toda producción sea de donde sea que provenga debe concebir además del producto generado su definición en el mundo, la cual chocara con las definiciones que encuentre en todos los territorios que pueda influir con su producción y producto. Así Será pactado entre el productor y el consumidor, el nombre y características del producto como también en parte de la producción del mismo.
Así me atrevo a decir que uno solo puede llegar a producir solo la mitad o poco más de lo que sea. Soñar con concebir cada aspecto de lo producido, creo, es una falacia. Lo que puede ser posible en cierto grado es analizar que secciones de la llanura producida serán pobladas por lo ajeno al productor.
Analizando este ultimo punto se puede hacer un trabajo meticuloso en este sector e intentar orientar / llevar al consumidor que puebla. Esto conlleva un riesgo secundario, el que una vez encaminado el pueblo, este encuentre en ese camino la vía hacia otro prado. Así sea llevado o no e trabajo sobre la mente del consumista, es en esta donde se encuentra la única chance real del producto de escapar al control productor, de convertirse en producción, de negar toda definición que sobre el se haya impuesto y ser abdusido/subsumido por una nueva maquina y de recorrer campos nuevos y reproducir alguna mutación de sus efectos y cualidades en sus planicies, fauna y/o flora

viernes, 2 de enero de 2009

Economicon



Marx, En la facultad mas “reconocida” de los paises del sur americano se habla de el. Se dice de sus teorias de la fabrica, de las condiciones materiales, del obrero de la gran empresa, la maquina, el plusvalor, capital vivo y muerto, el salario con su triple funcion. Vamos a explorar algo este tema desde una perspectiva no muy formada aun, no a leido grandes textos, o por lo menos no realmente, no produjo mucho q digamos, apenas algunos parrafos, apenas algunas capturas, 4 o 5 fantasmitas, oceanos de nada y paredes azules escritas con jugo de limon.
El hombre “produce”, buen comienzo, el ser humano toma 4 elementos pequeños y los ata entre si cosiendo sus partes para formar la herramienta. Con esta herramienta corta, tuerce y masacra los elementos no vivos. Con el crecimiento en la variedad de herramientas el hombre se reproduce con mayor comodidad, sin embargo estas herramientas acarrean consigo un cancer. Esta enfermedad se mantiene latente, y mientras nadie habra la boca y nada se sepa de las capacidades de las herramientas, de sus cualidades y demas enunciados, la vida continua tranquila para el hombre.
En el momento en el q se comienza a hablar sobre estas herramientas y sus capacidades y cualidades, tambien se comienza a hablar de su dueño. Según El caballero Marx resumido por la Facultad de Buenos Aires, existen tres tipos de propiedad, la de la comunidad, la clasica, y la moderna. La primera es de la masa humana q en su escaso numero aun no enuncia demasiado sobre las herramientas, y ningun ser reclama poder sobre la misma por sobre otro ser, esa herramienta parece un medio de vida, y la aldea sabe q ellos no son uno, q son la masa q vive solo en su multiple territorio humano productivo. El cuerpo aldea caza, cultiva, se alimenta, defeca, respira, crece, y lucha. Sabe q sobrevivira si las heramientas generadas por su capacidad productiva son suyas, pero de nadie mas, nigun componente puede reclamar propiedad sobre las herramientas de la aldea.
La segunda se situo en la epoca griega, en la q las herramientas ya tienen dueños q no solo hablan de sus herramientas, tambien saben sobre ellas, saben muchas cosas. Saben desde sus utilidades hasta q manos deben tocar. Sin embargo en esta epoca la propiedad es demasiado grande ya q según cuentan los libros esta sociedad antigua en la q saberes se generaban desde el primer rayo de sol hasta el ultimo rayo de luna poseian una herramienta mas funcional q la echa para cortar o agujerear, la herramienta viva. La herramienta viva podriamos decir es una forma de vida relativamente parecida a su dueña, la cual es mantenida viva por las acciones de la parte dueña mientras esta continue siendo funcional para los deseos de dicha parte. El esclavo vive trabajando, su herramientalidad se dicta en grandes palabras q parecen tener el peso de mil lanzas sobre la nariz del afectado.
La tercera se da cuando la herramienta viva comienza a enunciar, esta habla de su heramientalidad y a traves de los años comienza a enunciar en el mismo espacio q la parte dueña enuncia. Por leves intervalos la herramienta viva pacta con la parte dueña una recompeza material a cambio de su funcion herramiental. Con esta recompenza material la herramienta ahorra, compra, se reproduce, y crea espacios en su tiempo en los q no deba pertenecer a ningun dueño. Pero entre todos los enunciados q la herramienta, como el dueño, han generado los saberes sigen pesando lo mismo, y talves aun mas. El hombre a aprendido, el hombre posee y ninguna excusa puede anteponerse a la ley de la propiedad. No importa q puedas hablar, gritar o patalear, mientras seas mio, haces lo q yo diga.. La herramienta ya posee, y con el tiempo comienza a acumular poseciones, pero cuenta con saberes distintos a los q requiere ser dueño. Un nuevo dueño nace, y habiendo este aprendido en sus infancia de las palabras de su padre q la acumulacion se logra con el trabajo, esta comprende q para acumular mas propiedades, debe acumular mas espacios productivos. Mientras la antigua dueña solo se preocupa por acumular pocos espacios muy productivos, extensos, pero con su productividad limitada a lo establecido por el protocolo, la nueva propietaria comienza de a poco, no puede controlar extensos territorios productivos, por lo tanto solo puede acceder a la propiedad “corporativa”, esta es la segunda propiedad q entra en la tercer categoria de propiedad. En pequeñas edificaciones un dueño posee un numero de herramientas muertas, y este sabe q las herramientas vivas si bien generan por si mismas venden su fuerza productiva por una compensacion material. El nuevo dueño ya posee las herramientas muertas y por determinado tiempo las herramientas vivas para operar las muertas, a cambio de la compensacion monetaria, el dueño compra tambien la propiedad absoluta e irrefutable sobre lo producido, como siempre han hecho los dueños de sus herramientas.
Estas tres propiedades contemplan cuatro momentos muy distintos de los estadios de los enunciados, las herramientas y las relaciones entre los cuerpos. Desde la era en la q la propiedad no se enunciaba hasta una epoca en la q la propiedad organiza la vida del hombre.